lunes, 5 de septiembre de 2011

Pic de Comaloforno, al clásico estilo pirenáico

Debido a nuestra avanzada edad, cada vez nos sientan peor las travesías de varios días o las ascensiones en el día con desniveles salvajes, pero este plan del Comaloforno nos va como anillo al dedo. Actividad para día y medio con la meteo asegurada, aproximación por la tarde hasta la zona de vivac, subida sin peso y por la sombra –vertiente oeste-, y cima por la mañana a buena hora, con tiempo de dar una vuelta por la cresta y bajar de tirón hasta el coche, tras recobrar la tienda y los sacos. Hidratación posterior y alojamiento en un pueblo pintoresco, en este caso y ya que estamos en la Alta Ribagorça, Estrellas Doradas medianas en El Pont de Suert, que por si fuera poco cuenta con ferrata del Tossal de Miravet para el domingo por la mañana. Una ascensión al más clásico estilo pirenaico, todavía no estamos preparados para la furgoneta…

Como esta ruta al monte más alto situado íntegramente en Cataluña –ya que la Pica es fronteriza con Francia- es bastante conocida y frecuentada, nos limitamos a comentar algunos detalles sobre las imágenes, con la esperanza de que podáis disfrutar de ella tanto como nosotros. Tras la Collada d’Abellers, pasamos por el Besiberri Sud camino del Comaloforno, y después de este continuamos la cresta hasta la Punta de Passet, antes de volver al collado por la senda que flanquea las cumbres sin necesidad de seguir de nuevo la cresta. Hemos intercalado durante la subida algunas imágenes de la bajada para dar una idea más continua del recorrido. A estas alturas de la temporada –segunda quincena de agosto-, no necesitamos piolet o crampones y, a condición de ajustarnos con atención al itinerario más sencillo, tampoco la cuerda.


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Parking del refugio de Conangles, justo antes de los carriles de entrada al túnel de Vielha. Una pista retrocede desde aquí para cruzar el río por un puente metálico. Tras el puente, se deja a la izquierda el acceso al refugio, para seguir la pista durante 800 metros.



Tras atravesar una zona de pic-nic y una barrera para coches, la pista desciende hasta un desvío a Senet (indicado), que dejamos a la derecha, para adentrarse ya en el Barranc de Besiberri, donde enseguida encontramos el primero de los cuatro atajos que salvan otras tantas revueltas, indicados por postes y estacas amarillas.


Los atajos merecen la pena por economía de esfuerzo y paisaje. El cuarto atajo se acerca mucho a una cascada en el torrente, sin cruzarlo por ahora.


El atajo sale por última vez a la pista, que termina justo a la derecha, aunque tenemos enfrente la indicación con el camino a seguir.


Tras un claro, entramos en un camino ancho y pedregoso que tira derecho para arriba sin apenas curvas (foto de la bajada).


Al final del camino recto es cuando cruzamos por debajo de otro salto de agua a la vertiente opuesta del barranco, donde seguiremos por una ladera rocosa del bosque que recuerda un poco a la Senda de los Cazadores, aunque más corta.


Cuando desaparece la pendiente, salimos al Estany de Besiberri, una de las vistas más bucólicas del Pirineo. Esta imagen duraría poco como foto misteriosa del mes...


El contraluz hacia atrás tras bordear el lago tampoco está mal. Se perfila por detrás el Tuc de La Tallada, en la divisoria entre los valles de Salenques y Mulleres.


Hacia delante y muy por debajo del Besiberri Norte, salta a la vista el brillo metálico del refugio-vivac sobre un promontorio rocoso que domina la cubeta de l’Estanyet, que se insinúa por debajo. Los cortados de detrás del Estanyet pueden salvarse por ambos lados para iniciar la subida al collado de Abellers, que queda fuera de la imagen.


En esta vista desde el refugio, tomada al bajar, se adivina la posición del collado entre el Besiberri Sur y el Pic d’Abellers, y se diferencian también ambos itinerarios, más directo el de la canal del torrente que alimenta el Estanyet y más oblicuo el que parte del refugio.


L’Estanyet desde el refugio. El mejor vivac –con o sin techo- está junto a la gran roca.


Como llevamos tienda, hemos dejado sitio en el refugio y dormimos por aquí, así que nos viene más a mano la subida por la canal.

En el punto donde más se encajona, tendremos que agarrarnos un poco para salvar un pequeño escalón.


Poco después cruzamos el torrente en busca del terreno más fácil.


Subimos de forma muy directa aunque bastante cómoda, entre hierba y roca menuda.


Al acercarnos a la vaguada previa al collado, el verdor desaparece y aumenta el tamaño de la roca, que pisaremos más tiempo por este itinerario (el procedente del refugio transita todavía a nuestra izquierda, más cercano a la cresta). Pero no nos arrepentimos de haber subido por aquí.


A estas alturas ya han aparecido a nuestra espalda, por encima de La Tallada, los techos de la Maladeta. Se diferencian al menos, de izquierda a derecha, el pico Russell, Margalida-Tempestades, Aneto, Maldito y Maladeta Oriental.


En la base del collado, la roca vuelve a reducirse. Seguimos por el mismo eje de la vaguada y dejamos sin problemas el nevero a nuestra derecha.


La salida final del collado se abre permitiendo dos opciones, como una ‘Y’: el brazo derecho sale a un poste indicador visible desde aquí (detalle), aunque lo perderemos al acercarnos más, y el otro junto al inicio de la ladera del Besiberri Sur.


El brazo derecho de la ‘Y’ (más cercano al pico Abellers) es este corredor con una placa conmemorativa, más estrecho pero más corto, por lo que continuamos por él. De bajada, preferimos en cambio la salida más cercana al Besiberri, amplia y con mayor posibilidad de ir haciendo diagonales en previsión de la caída de piedras.


El corredor de la placa visto desde su salida, justo al lado del poste indicador. Toda esta zona de subida al collado tiene un peligro evidente, no tanto para uno mismo como para los demás, por la inestabilidad de las rocas sobre el piso arenoso. Es conveniente distanciarse de los grupos con los que podamos coincidir.


Al otro lado, la cuenca de los Estanys de Gémena, que ya no perderemos de vista en un buen rato.


Casi sin parar y sin hacer fotos, por una ladera rocosa con varios trazados posibles a partir del collado, llegamos enseguida al Besiberri S. En medio de estos dos excursionistas que han venido por Gémena, se extiende la divisoria hacia Arán con la brecha Peyta, por donde pasamos hace un mes camino del Besiberri septentrional.


Pero hoy vamos en dirección contraria (sur) hacia el Comaloforno, ese relieve trapezoidal en la cresta que da origen a una quebrada arista horizontal por su izquierda. Al fondo a la derecha se ve la pirámide de la punta Passet.


El recorrido de la cresta evita continuamente el filo por la vertiente de Gémena, sin pasar nunca hacia Cavallers hasta la misma base de la trepada a la punta Passet. Como hoy es sábado, hay varios puntitos que van o vienen, señalando el camino. Uno de sus pasos más característicos es una placa tumbada con fisuras, que se ve también desde aquí (5º punto). De momento hay que alejarse un poco de la divisoria para poder bajar del Besiberri...


Al principio hay rastros de senda que sortean las dos primeras agujas. Luego se trata más bien de pequeñas trepadas en paralelo a la cresta.


La placa tumbada tampoco ofrece grandes dificultades. Arriba sale por buen terreno y de vuelta no será necesario pasar por aquí.


Cerca ya del Comaloforno, echamos la vista atrás para ver esta pequeña brecha que va a trasponer una pareja que nos acabamos de cruzar.


El Comaloforno tiene cobertura y una cruz que todavía sigue en su sitio, a pesar de estar más suelta que la que desapareció del Mulleres.


Con el día que hace, nos da tiempo también de hacer una pequeña panorámica hacia el NW, en la que destaca a la derecha la cresta de Besiberri.


Vista atrás, con el fotógrafo camino ya de Punta Passet, para ver la trepadilla de acceso al casquete cimero del Comaloforno. El excursionista de naranja se vuelve en busca del camino de flanqueo a Abellers.


En esta vista anticipada del Comaloforno desde Passet puede verse cómo hay que bajar bastante para buscar el collado entre ambos, siempre por la vertiente de Gémena. Si lo hacemos por la de Cavallers, atraídos por esos verdes islotes, llegamos a una caída cortada a pico.


Punta de Passet con el teleobjetivo. Esta cara poco amable y nuestra idea previa, sobreestimando su dificultad, casi nos hacen desistir. Además nos encontramos con un excursionista quitándose el arnés en su base. Pero la subida no es por aquí, sino por una fácil canal oculta por la izquierda.



Una vez en la brecha previa al pico, la canal de subida se toma desplazándose tan solo 4 ó 5 metros a la izquierda (vertiente de Cavallers), tal como nos indica el hombre del arnés, que volvía desde la punta Lequeutre, animándonos a seguir a pesar de habernos visto minutos antes cual ovejas descarriadas por los verdines sin salida del Comaloforno.



Canal de subida a Pta. Passet y corredor de bajada a Cavallers, vistos desde arriba.


En el tramo final de la canal, es mejor salirnos de ella que completarla, para lo cual podemos aprovechar esta cornisa por la izquierda...


… siguiendo enseguida para arriba, salvando el escalón un poco alto que proporciona una losa que sobresale de la pared. Al fondo vigila Punta Alta.


Tras la losa apoyada, viene un tramo horizontal ancho y cómodo que lleva a este resalte previo a la cima, que superaremos bien por su parte derecha, aprovechando una especie de diedro tumbado y ladeado hacia Gémena, con buenos agarres.


En la parte alta del diedro inclinado: en la bolsa de plástico no llevamos el almuerzo sino una superflua cuerda, transportada de forma poco ortodoxa al haber dejado el resto de la mochila en la base de la trepada.


Ahora ya solo queda el remate cimero, al que se sube sin problemas eligiendo cualquiera de las canaletas de roca con islotes herbosos que dan hacia Cavallers.


Una observación altitudinal aislada, sin valor científico, en la Punta Passet,… y un promedio de velocidad vergonzoso.


Bajando del resalte previo a la cima en el camino de vuelta, con la mochila a la espalda como está mandao. Célestin Passet dijo de esta punta que luego llevaría su nombre que ‘podía hacerse con las manos en los bolsillos’. Aunque no sea para tanto –cualquiera se fía del más grande de los guías del Pirineo-, es verdad que ha resultado más fácil y divertida de lo que suponíamos.


Para tomar el sendero de vuelta a Abellers tenemos que volver inicialmente por el mismo camino, como si subiéramos de nuevo al Comaloforno, hasta ver por nuestra izquierda trazas que invitan a flanquear por una línea lógica con pocos desniveles.


Atravesaremos varios corredores pedregosos que parten de la cresta y un característico colladete formado por un pitón rocoso en un espolón, único punto en el que tendremos que subir unos metros.


Nos aproximamos al collado por un terreno cada vez más suave. Luego bajaremos rápidamente por la rama del collado más cercana al Besiberri, anticipándonos a un grupo numeroso que está haciendo un descanso.


Tras la vaguada al pie del collado, volvemos por la ruta del refugio, que pasa junto al espolón que cae de los Besiberri del Mig.


Allí se forma este falso collado en el borde superior la pedriza, donde hemos parado para almorzar.


Bastante más abajo, nueva vista atrás, hacia un muro oscuro y húmedo donde podemos ya reponer agua.


Curioseamos un poco el refugio-vivac y sus sólidos anclajes. Dentro hay un par de mesas y 9 plazas de litera, 6 de ellas ocupadas a estas horas por sacos extendidos a modo de reserva.


Última vista atrás a la cresta de Besiberri, que por el momento no nos tienta mucho...


… ya que tenemos pronto una cita con el viejo Lardana, que hemos podido ver hoy en la distancia, más allá del Russell…

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miércoles, 24 de agosto de 2011

Besiberri Nord, boira a les xemeneies

O sea, 'Niebla en las chimeneas'... Y es que hacía tiempo que no contábamos ninguna aventurilla del Pirineo por aquí, así que ahí va una de las últimas (finales de julio), en el Pirineo Catalán...

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Llegamos ayer al Refugi dera Restanca desde el embalse de Cavallers, en una minitravesía de dos días que nos llevará hoy de vuelta a Cavallers por un camino menos transitado: la cuenca del Estanh de Mar hasta la Bretxa d´en Peyta para bajar por el Barranc de Malavesina hasta la pleta de Riumalo. Ayer aprovechamos el paso por el Coll de Crestada para ascender al Montardo –cercano aunque muy prominente sobre el collado-, y hoy intentaremos también el Besiberri Norte tras enlazar con su ruta normal por Malavesina después de la brecha Peyta.

… el flujo frío del norte produce curiosas formas nubosas sobre las Agulles de Travessani…

Al día siguiente todavía tenemos prevista la ruta circular de Punta Alta, en nuestro caso en sentido contrario a las agujas del reloj (subida por el Barranc de Comalesbienes y descenso por el Estany de Roca y la Vall de Colieto). Un plan para tres jornadas completas, con base en el aparcamiento de Cavallers, que atraviesa en los dos sentidos la divisoria de aguas principal del Pirineo entre Arán y la Vall de Boí, e incluye Montardo, Besiberri Nord y Punta Alta, tres de las cumbres más representativas de la zona, dejando para más adelante Besiberri Sud y Comaloforno.


Entre sus inconvenientes, el panorama un tanto reducido en las dos noches de parking al pie de la presa, y lo bien que nos hemos aprendido el paseo junto al enorme pantano, 40’ ni más ni menos, recorridos -en uno u otro sentido- en tres ocasiones. Algo que tenemos que agradecer en parte a la normativa de vivac absurdamente restrictiva del PRUG del PN de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici. O quizá no tan absurda, si tenemos en cuenta la saturación y dificultad de reserva de los refugios incluidos en el masificado circuito Carros de Foc. No resulta fácil de entender por qué este uso preferentemente comercial de unas instalaciones -privadas al fin y al cabo- no se ve compensado, sino todo lo contrario, por una regulación pública a favor de una actividad tan tradicional como el vivac en alta montaña...

Presa y refugio de la Restanca.

El caso es que en la Restanca sí que habíamos podido reservar, al precio de 41 € la media pensión (4 € menos para federados no catalanes), en el duro catre de la habitación de invierno. Llevamos crampones y piolet, los únicos que vimos en el refugio, para el acceso a la brecha Peyta, orientado al norte en una pequeña vaguada. Tenemos además que dar buen ejemplo a Adrián, que nos acompaña en su primera excursión pirenaica antes de empezar en la universidad, para ver si le gusta esto de subir montañas.

Subiendo a la brecha Peyta.

Los crampones no resultarían al final imprescindibles, aunque la cosa hubiera sido distinta unas semanas antes o en un año menos seco. El principal problema que nos encontramos en el corredor de la brecha fue la pendiente muy fuerte y descarnada por encima del nevero, salpicada por pequeños escalones de una roca desecha. Todo ello nos obligó a extremar las precauciones, pegados a la pared izquierda, hasta asomar con alivio a la otra vertiente. Hubiera sido bastante desagradable tener que bajar de vuelta por aquí.

Cara oriental del Besiberri Norte.

Llevamos también cuerda y un mínimo equipo de escalada para el último hectómetro de la ruta normal del Besiberri N por el este, una trepada mantenida no siempre evidente y en algún punto expuesta, cuya dificultad para el excursionista medio pueda tal vez verse subestimada, teniendo en cuenta la elevada proporción de escaladores que la ascienden como paso previo al recorrido completo de la cresta.


La cresta cimera parece un diente aplanado y asimétrico con el punto culminante desplazado hacia el norte. Según las reseñas, habría dos vías diferentes para acceder al filo desde esta vertiente oriental: una bastante hacia el sur de la cima que gana la cresta a 10 minutos de la cumbre; y la otra cercana a la arista NE, que arranca entre ella y la vertical de la cumbre, a la que sale casi de forma directa tras un trazado diagonal de derecha a izquierda. Seguimos esta última, guiados por Carlos, que ya la conocía. De otro modo, hubiera sido bastante complicado seguirla porque las nubes cubrían la parte alta de la montaña y disminuían mucho la visibilidad en la pared, marcada sólo con unos pocos hitos y huellas de paso.

Trevesía de la cornisa.

Se trata en definitiva de una sucesión de chimeneas con dificultades de hasta II+/III (en el nivel del Midi d’Ossau pero más continuadas), enlazadas a mitad de pared por la travesía de una cornisa más fácil que las chimeneas pero muy expuesta. Simplificando un poco, podríamos considerar de abajo arriba: el diedro inferior, la chimenea sin salida, la travesía de la cornisa, la chimenea oblicua y la chimenea final. Un tramo que en el conciso Capdevila se describe en un solo párrafo, quedando abierto a la imaginación del lector…


El diedro inferior, al que se entra tras remontar un poco a la izquierda desde el pequeño muro inicial, tiene alguna roca empotrada en una fisura central, donde puede empotrarse también el pie para subir o bajar los dos metros más lisos (con cuidado de no empotrarlo demasiado). De bajada, nos vino muy bien aquí una cuerda fija arriba como pasamanos.


Al salir -y aunque no viene reflejado en las reseñas-, debímos tirar algo a la derecha porque salimos un momento a la misma arista NE (vistas sobre el Estanh de Mar), cuya verticalidad nos obliga a torcer enseguida a la izquierda en busca de la chimenea sin salida. Esta solo se sube un poco, para dejarla por la izquierda (paso clave), ya que evidente la dificultad de seguir cualquier otro camino.

Ruta de acceso a la brecha Peyta por el Estanh de Mar, vista desde la bajada del Besiberri.

En este punto bordeamos con algún apuro un sólido y aéreo espolón para pasar ya a la cornisa inclinada, que debemos recorrer de derecha a izquierda perdiendo un par de metros de altura para enlazar con la base de la siguiente chimenea. La travesía de la cornisa es sencilla (numerosos agarres y apoyos) pero muy expuesta, especialmente en su inicio desde la segunda chimenea, como podremos comprobar sobre todo de regreso, al reintroducirnos en esta segunda chimenea (o chimenea sin salida).

La chimenea oblicua (también de derecha a izquierda) es la más amplia y delicada para el destrepe. En su descenso, conviene rapelar o asegurar desde arriba, para lo que no hay anclajes aunque sí sólidos pitones de roca. Es posible el destrepe, más seguro por fuera del eje de la chimenea (hacia el sur) y que puede precisar un ‘minirapel’ -o descuelgue con el apoyo de una cinta-, para salvar un paso largo.

Destrepando la 3ª chimenea, asegurados desde arriba.

Siguiendo para arriba, tras el pequeño rellano que invita de bajada a montar el rápel de la chimenea oblicua, estamos ya en la chimenea final, que es la más sencilla. Continúa en la misma dirección que la anterior, aunque con menor verticalidad y exposición, hasta salir por la derecha a la cresta entre los bloques cimeros.

Hitos en la chimenea final.

Con el uso de arneses para progresar en ‘ensamble’ en la zona de la cornisa y para asegurar el destrepe de la tercera chimenea, calculamos un tiempo de casi tres horas para este desvío de subida al pico, hasta regresar de nuevo al pie de la brecha Peyta, por donde ya no tenemos que pasar. Siguiendo el descenso por la ruta de Malavesina, salvamos las pedrizas XL que rodean el estanyet y luego el largo y empinado barranco hasta llegar al último escalón sobre la pleta de Riumalo. Casi al final hay que salirse del eje del barranco, que se encajona en su desembocadura, para buscar ya el puente del río y seguir hasta Cavallers.


Al día siguiente y tras coronar Punta Alta, otra vez entre la niebla, Adrián nos comentaría que ‘no estaba mal, pero el anterior había sido más divertido’. Si sigue con la afición, nos hace gracia pensar en la cara que pondrán sus compañeros cuando le pregunten por el primer pico que subió en el Pirineo. Lo cierto que el Besiberri septentrional es de los que tienen algo que invita a volver...

Estanh deth Cap deth Port y Coret d'Oelhacrestada.
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sábado, 13 de agosto de 2011

Turismo activo en Manzanera

Haciendo tiempo en el barranco de Los Cocioles y la vía ferrata de Las Agujas de Las Alhambras, antes del vermú en el Balneario y la comida en el Duque de Calabria...

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